Una voz de lucha

Blanca Mayacela Paredes

En la década del noventa, Ecuador vivió una de las crisis económicas más fuertes de su historia, que debilitó progresivamente la solvencia de las instituciones financieras. El Banco del Progreso, uno de los bancos más grandes del país, en 1998 inició una fuerte campaña para captar cuenta ahorristas ofreciendo altos intereses por sus inversiones a largo y corto plazo.

El gobierno tomó acciones en torno a la crisis y respaldó arbitrariamente los derechos del capital sobre los derechos humanos. El 8 de marzo de 1999 se decretó el congelamiento de los fondos de los cuenta ahorrista,  período que se denominó: “Feriado Bancario” . La incertidumbre se hizo presente en las calles, jóvenes, estudiantes y organizaciones sociales recorrieron las calles en busca de explicaciones.  Virginia Ribera de 68 años, ex trabajadora social del Hospital Pablo Arturo Suárez, jubilada y madre de familia, lideró una serie de protestas contra el Banco del Progreso a las afueras de la sede matriz en la ciudad de Quito.

Virginia apoyada por un grupo de jubilados  y estudiantes, emprendió una serie de acciones de rechazo ante las medidas impuestas por el gobierno, confrontando en repetidas ocasiones a la seguridad policial que resguardaba el inmueble del banco. Con mucho temor su familia criticó su proceder, que si bien,  no padeció los impactos de la crisis, fue el apoyo para que Virginia sea la voz de lucha de decenas de personas que fallecieron a la espera una respuesta.

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